miércoles, 30 de octubre de 2013

Andar por casa - La plaza y su entorno


 
             Víznar fue asentamiento humano desde muy antiguo. Siempre sale a colación la Acequia de Aynadamar como impulsora de su solar y rancio abolengo. Los romanos primero y los árabes después irrigaron estas tierras durante siglos y siglos, siendo estos últimos los que dieran forma a su actual base urbanística, de calles estrechas y empinadas, con sus placetas en los que abundan jardines y patios recoletos. Entre todo este complejo primoroso sobresale la Plaza de la Constitución. Siendo más precisos así reza su placa: Plaza de la Constitución - Año 1868.

            Emprenderemos nuestro comentario refiriendo el glorioso encanto de la Iglesia y el Palacio del Cuzco. Dos joyas de la arquitectura que son maravilla y tesoro de esta plaza en particular y el patrimonio cultural de un pueblo, que dicho sea de paso es rico en atractivos turísticos de primer orden.



LA IGLESIA PARROQUIAL DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR

            La Iglesia Parroquial de Víznar se comenzó a construir en 1.530, aposentándose posiblemente sobre la antigua mezquita existente en este lugar. Al igual que otras numerosas parroquias, la de Víznar, forma parte del amplio programa institucional de ocupación política del Reino de Granada tras la Conquista, lo cual proporcionaría en ella el desarrollo del arte mudéjar. Participaron en su construcción, el albañil maestro de obras Juan de Toledo, de 1.530 a 1.533, en el levantamiento de los muros. Ese mismo año de 1.533, el maestro carpintero Gaspar García y el maestro herrero Benito, realizan las obras de carpintería y la clavazón de las puertas. La existencia de elementos mudéjares en su artesonado son prueba inequívoca de la convivencia en nuestro pueblo de moriscos y cristianos viejos, si bien éstos últimos fuesen foráneos. En 1.538 se realiza la sacristía y un aposento contiguo al templo. Igualmente Esteban Sánchez concluye el cimborrio en 1.533 y en 1.541 se coloca el retablo que se había concertado con Pedro Machuca el 16 de Agosto de 1.540, haciéndose la obligación ante Pedro de Córdoba, tasándose en 200 ds. y pagándose desde este día hasta el 26 de Julio de 1.541 en que se dio por acabado.De él solo se conserva una tabla de La Crucifixión. Obra original del propio Machuca.Un arco toral, a modo de diafragma, divide la nave en dos, aliviando la armadura, diferenciando el presbiterio que se alza varios escalones. El arco, ligeramente apuntado, es de piedra, soportado por columnas dóricas.



             La armadura, de lima bordón, atirantada con lazos intermedios de ocho puntas, apoyadas las tirantas sobre canes. En el presbiterio el almizate, o harneruelo, presenta un recuadro más decorado con lacería octogonal. En los ángulos superiores, cuadrales de lazo intermedio, apoyados sobre canes.     El coro se asoma a la nave a modo de balcón con baranda de hierro forjado, sostenido por dos apoyos del mismo metal. En él se asienta un majestuoso órgano, hoy mudo.

             En el capítulo de las artes decorativas tenemos noticias de una custodia de plata realizada por Hermosilla en 1.533 y de un cáliz realizado en 1.561 por Francisco Téllez, así como bordados de Pedro Leguinazo en una casulla del mismo año. Así mismo es de destacar su cumplido inventario de escultura barroca entre la que hay que señalar una terna a tamaño real debida a la gubia de Pablo de Rojas.


PALACIO ARZOBISPAL DEL CUZCO

           A mediados del siglo XVIII, Enríquez de Jorquera, escribía en sus Anales de Granada las siguientes líneas refiriéndose a nuestro pueblo:

          "En un eminente cerro, entre frescas arboledas, al pie de la Sierra de la Alfaguara , gozando de la vista de la Vega granadina, está el Lugar de Víznar , deleitoso y agradable sitio.  Hay en él casa de recreación donde se suelen retirar los arzobispos de Granada algunos días de estío."

             Fue en el año 1789, el 28 de noviembre, cuando D. Juan Manuel de Moscoso y Peralta toma posesión de la Archidiócesis Granadina, y se propuso construir en este Lugar de Víznar una espléndida masión conocida hoy por EL PALACIO DEL CUZCO.

          Este insigne Prelado, nació en  Arequipa en 1723. Regentó en su país natal , Perú, diversos cargos eclesiásticos. Estos y otros datos quedan reflejados en esta lápida colocada en el zaguán de su Palacio de Víznar. Léense en ella hechos de la vida y obra de este hombre de noble corazón y elevado espíritu.


EL EXCELENTISIMO E ILUSTRISIMO SR. D. JUAN MANUEL DE MOSCOSO Y PERALTA, DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD, OBISPO QUE FUE DE LAS SANTAS IGLESIAS DE AREQUIPA, SU PATRIA , Y DE LAS DE CORDOBA DEL TUCUMAN, DE LA DEL CUZCO, EN EL REINO DEL PERU Y A LA PRESENTE ARZOBISPO DE GRANADA, A QUE FUE ASCENDIDO POR HABER RECONQUISTADO AQUELLAS PROVINCIAS DE LA SUBLEVACION GENERAL ACAECIDA EN EL AÑO 1780. POR CUYOS PARTICULARES MERITOS LE PREMIO EL REY CON LA GRAN CRUZ DE LA REAL Y DISTINGUIDA ORDEN ESPAÑOLA DE CARLOS III. COSTEO ESTE PALACIO DE VIZNAR QUE SE CONCLUYO EN EL AÑO 1795.


           La fachada, al  igual que el resto del edificio, responde a los más puros cánones del estilo Neoclásico, aunque en su portada se advierte cierta sobriedad y lujo. Dos grandes pilastras de mármol, sostienen el frontis triangular, coronado con el escudo de armas de la Familia Moscoso y Peralta, abrazado por los símbolos de la Jerarquía Eclesiástica.

        Traspasando el amplio umbral, adentrados en el zaguán, pasamos al Jardín de la Fachada Oriental, que abre ante nosotros un panorama de paradisíaco encanto. Las paredes de este Jardín están decoradas con las más puras orientaciones neoclásicas al estilo italiano. Fachadas y muros, quedan cubiertos de vasos y guirnaldas, medallones y cartelas. Trazados en recuadros estriados ,aparecen pasajes alegóricos de los dioses gentílicos.



          Este jardín está dividido en cuatro parcelas bordeadas por setos de boj y flanqueadas por sendos paseos laterales. En la intersección de dichos paseos, burbujea una maravillosa fuente de dos tazas, cincelada en una sola pieza de mármol. La luz, que incide oblicuamente, dota a este lugar de singular belleza y de una ambiente romántico, melancólico y apacible. La doble Galería porticada, que abre sus arcos a este Jardín, encierra un hecho único y excepcional en el mundo, que acredita a nuestro ilustre arzobispo de ser persona de exquisita cultura, ya que hizo decorar su Palacio con escenas del Quijote.

         En los muros de la Galería Inferior, entre guirnaldas y en grandes medallones, están plasmadas varias escenas de la inmortal obra de Cervantes.      Por tal motivo, ha de considerarse a D.Juan Manuel de Moscoso como uno de los más extraordinarios cervantistas de su época. Una serie de reproducciones, a escala natural, nos describen diversos pasajes de la universal obra cervantina. Fueron utilizadas para su copia, las láminas que ilustraron en su tiempo el Quijote editado por la Real Academia en el año 1778. En vivos tonos, y amanerado trazo, aparecen la dementizada imagen de D. Quijote, su escudero Sancho y demás personajes de la Magna Fábula. Estas pinturas murales, realizadas al temple, poseen una doble imperfección. En primer lugar la poca plasticidad y elasticidad de movimientos de las figuras y en segundo plano la falta de naturalidad con respecto a la realidad de la obra, al parecer ataviados los personajes a la usanza del siglo XVIII.

           Volviendo a la entrada, una amplia y lujosa escalinata da paso a las dependencias del segundo piso, que por su disposición y estilo, y la nobleza de su mobiliario, parece que estaban dedicadas en tiempos de D. Juan Manuel a recepciones y actos protocolarios. Dichos salones constituyen una sucesión de amplias piezas, al fondo de las cuales, en la parte norte del edificio, se encuentra la capilla episcopal, de severo tono y místico ambiente. Las paredes no aparecen decoradas con igual profusión que en los exteriores, pero el mobiliario, cornucopias, adornos, jarrones y aterciopelados cortinajes hablan por sí solos del refinado gusto que se respira en estas estancias.

           La planta baja del edificio, con amplio y lujoso comedor, estaba dedicada a ser el lugar habitable y cotidiano del Prelado, así como a los compartimentos y servicios propios de tan vasta mansión. Un patio pequeño, lateral al edificio, adornado de macetas y con un abundoso pilar de tres caños, distribuye a un lado y otro diversas puertas que corresponden a la cocina, la despensa y dependencias similares. La amplia cocina, propia de un castillo medieval, tuvo antaño tres grandes fuegos, acorde con las necesidades y servicio a prestar en este asentamiento veraniego del Prelado y su séquito.

            Los jardines de la fachada occidental, en contraposición a los de la zona opuesta, están llenos de luz, y los rayos del sol visten en primavera a este paraje en la más variopinta paleta de un pintor impresionista. Murmuran sus tres fuentes de esbeltos surtidores, acariciando nuestros sentidos el dulce trinar de los pajarillos, el fragante olor del jazmín y la cálida brisa de la Vega Granadina. Ofrece a nuestra vista una amplia panorámica de la Vega y la perspectiva del azul de las lomas de Sierra Elvira. Ornato de este jardín son los ya centenarios cipreses y dos magníficos ejemplares de Magnolia, que por su tamaño  y longevidad, con absoluta certeza son coetáneos al Arzobispo Moscoso. Sus blancas flores, de delicado perfume, parecen como si una numerosa bandada de palomas blancas se hubiese posado al abrigo y albergue de sus retorcidas ramas.

           Finalmente acompañan y completan este recinto palaciego una extensa huerta que en esta época surtiría con sus hortalizas y frutas la copiosa y opulenta mesa del Arzobispo.
  
          La contigüidad del templo viznarense con el Palacio Arzobispal, hicieron que la magnánima benevolencia del Arzobispo, convirtiese este templo en una pieza que en riqueza y embellecimiento fuese acorde con su colindante propiedad. Se inician en este recinto sagrado las reformas precisas para adaptar al estilo neoclásico los blancos y humildes muros, a la vez que se dota a esta Diócesis de unas riquezas de incalculable valor.

            Da fe de lo antedicho esta pequeña cartela en la cual se puede leer:

 EL EXCELENTISIMO EL ILUSTRISIMO SR D. JUAN MANUEL DE MOSCOSO Y PERALTA, ARZOBISPO DE TRICOMI, TUCUMAN Y CUZCO, ARZOBISPO DE GRANADA,  CABALLERO GRAN CRUZ PRELADO DE LA REAL Y DISTINGUIDA ORDEN DE CARLOS III, INSIGNE BENEFACTOR DE ESTA IGLESIA, CUYAS ALHAJAS DE PLATA, ORNAMENTOS, PINTURAS, ESPEJOS, ORGANO, TORRE, CAMPANAS Y PORTADAS, DEBIDO TODO A SU CELO Y RELIGION HARAN ETERNA SU MEMORIA.

            La muerte de D. Juan Manuel, acaecida el 28 de Julio de 1811, llenó de desolación a multitud de granadinos, de todas las clases y condiciones sociales, dado que su benevolente figura no tuvo parangón allende los mares, en su país natal, en esta Diócesis de Granada y en nuestro pueblo de Víznar.



LA PLAZA Y SU ENTORNO

             La Plaza de la Constitución, aparece como una enorme sala hogareña, escenario familiar donde se queda con los amigos, donde se celebran las fiestas y los duelos, donde se recuerdan los dias pasados en las noches al fresco en las que se sacan las sillas y las tertulias proliferan. Se presagia el porvenir, es mentidero y mercadillo, escaparate del chisme y de la ventana entreabierta. Aquí en “la recacha del rinconcillo” lo mismo se entroniza a un rey que se despelleja a la vecina que cruza. Esto es rasgo distintivo de cualquier plaza en cualquier pueblo.

              En la mudanza del tiempo, se adorna para una procesión del Corpus, recibe con gozo la fiesta del Patrón o sirve de marco en las sucesivas ediciones de la Semana Cultural para actos de convivencia y esparcimiento. Siempre propicia el remanso y el sosiego su entorno vegetal, a cuya sombra se urden interminables tertulias. Trivialidades en las que todo cabe pero que no llevan a nada .Una de ellas tienen nombre propio: “La Moncloa”, esto es, la que organizan un grupo de vecinos y vecinas que sentados al fresco, caida la noche veraniega, ponen en solfa la vida y milagros del pálpito local, nunca más lejos de un benevolente comentario.

            Tiene esta Plaza vida propia, vida de pueblo para la niña que cruza con su saltador, para el niño que juega al trompo, al boli, a los platillos. Corros y coros en “la rueda”, ecos para “verbena, verbena... que siga la cadena..”.  “A la flor de romero...” Todo cabe: el cortahilos, salabaja, churropicoterna, la pídola.... en la penumbra del atardecer el escondite, los policías y ladrones... La plaza se llena del bullicio infantil que indudablemente no tiene cualquier calle. Bullicio que se apaga sumiéndose en unas ordenadas filas al toque del ángelus en la torre, como señal convenida para “entrar al recreo” Bullicio que se trueca coro infantil que salmodia la tabla de multiplicar . Aplicada labor en el bastidor en la escuela de las niñas. Y es que la Casa Ayuntamiento, frente por frente a la Iglesia, comparte en su piso bajo la Escuela de Niños, en su primera planta la Escuela de Niñas y en su balconada inmediata a esta Plaza se abre la Sala de Cabildos. Oficina y despacho del Secretario, Dispensario Médico y Chatarra (cárcel) Tercer piso para viviendas de maestros.





PREGONES

               Silencio de plaza interrumpido por el pregón de Custodio el pescadero: ¡Ay, que se me salen de la caja! ¡Qué boquerones, qué boquerones niña, que los traigo de plata! Almejas, mariquitas... japuta…
Pregón al que acuden las parroquianas con su plato de loza, proyecto de una cena, unos fideos, quizá una fina fritura.

¡El lañaohhhhh, arreglo las fuentes, las orzas, los leeebrichooooo!
 ¡El loteroooo. Es a duro y a veinte duros!    

Este pregón tiene aire local, fácilmente reconocible:
¡Ovillos, carretes,  bobinaaas!( Sí, es Pepe Porras y su borriquilla)
La que no se lo tapa es por que no quiere. Tres veinte duros.

             En la plaza se instala el hojolatero, el marranero, el tío del plástico, el de las telas; cruza el sombrillero...un hombrecillo de chaqueta raída cuenta pimientos en ristras, otro pesa gallinas.. conejos …. El jabonero, el garbancero, el de la miel de caña, el barquillero, el de los trapos viejos, las suelas de alpargata, los casquillos de bombilla, los pellejos de conejo... (Ahora se habla de reciclar) Y en la embocadura de La Noguera, trenza la enea el sillero, sentado en el suelo echando un culo a una desvencijada silla que seguro cuenta generaciones.

TIENDAS Y TABERNAS
                                             
               No existe una línea clara que separa lo que es una tienda de una taberna. Así lo eran El Puesto de Celestino, la de Florentina, y el despacho de la Casa de Expedita y la Tienda de Juanico. Cada uno tenia su aire de particular pero experimentaban la mudanza de servir como colonial para clientela inmediata para ser taberna simultánea. Todas ellas prolongaban su local invadiendo la imediatez de su fachada con algunas mesas, sillas sin respaldo de culo de enea y algún banco.

               Era la casa de Celestino una pequeña habitación en la esquina del Palacio en la que se despachaba carbón, se servian “medios de vino” fresquísimo desde la garrafa que se enfriaba en el pilón de la fuente. De buena mañana era lugar predilecto para matar el gusanillo mientras que a alguna vecina se le dispensaba el arroz o el azúcar. Florentina era más de gaseosa y refrescos  de bolin, Coca-Cola, vermut y atrevidos cubalibres. La Casa de Expedita, con sus pulcrísimas mesas de hierro y piedra de mármol blanco. ponía un toque de distinción en la frescura de la tarde. En la puerta de Juanico, junto a la Cruz de la Peana se instalaba La Peña del Duro, así llamada porque sus contertulios ponían un duro y Juanico servía vino, cerveza , tomate aliñao y aceitunas mientras en animada tertulia…ya se sabe.
La cruz de la Peana, frente a la cual estaba el estanco, predica en su cartela ser testigo de siglos: “Se hizo a devoción del vecindario. Año de 1752".


LA FUENTE DE LA PLAZA

          La Plaza de Víznar, al igual que muchas de sus hermanas, aprovecha con acierto el paso de Aynadamar en una fuente pública. No es tanto por su monumentalidad, pues es de humilde traza, ni tampoco por ser un bien necesario, ya que le acompañan en este menester más de una docena de pilares estratégicamente situados en sus barrios. Quizá su grandeza estribe en ser referente y figura singular en el contexto social del pueblo.

             La Fuente de la Plaza es una cesión hecha por D. Antonio López por “un real de agua para el surtido de la fuente que se ha de establecer en dicho pueblo” y lo hace “por propia y espontánea voluntad sin recibir por ello cantidad alguna mediante el aprecio y distinción que siempre ha merecido el pueblo y sus vecinos”. Del mismo ramal, que parte en la Atarjea situada en las inmediaciones del Pozo de la Fábrica de Tejidos, se surten los pilares del Barrio de la Alhambra.

            Esta cesión se fecha en 1861 y firman como representantes del Ayuntamiento los Sres. D. Jerónimo Gómez y D. Joaquín Carrillo aceptando la concesión y aceptando las condiciones del otorgante que resumidamente dicen “Que las obras del tomadero así como la que se haga para ingresar los derrámenes al Palacio se hará por cuenta del Pueblo y por persona perita y de confianza de D. Antonio”.

           En las mañanas de verano con ella refrescan las mujeres la inmediatez de su piso, que aparece lozano ante la tórrida temperatura estival. A sus caños acuden las bestias tras la barcina, también ávidas de las aguas que les brinda el amplio pilón. Ciclistas que llenan sus cantimploras, bullicio de niños...

         En la serena quietud de la noche, la Fuente señorea con la cadenciosa tonada de sus aguas: Notas afinadas de sus cuatro surtidores que se acoplan en acorde con el ronco bordón en bajo continuo de su caño de alivio.


AUTOR:  SALVADOR RUIZ CABALLERO



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