jueves, 20 de junio de 2013

Andar por Casa - El Barrio Bajo


Surge la primitiva arquería de Víznar al borde de la Acequia de Aynadamar. Se organizan y conforman sus barrios teniendo como eje el cauce de la misma. Se define su casco urbano en torno a un núcleo fundacional que tiene como referencia al Barrio Alto, el Barrio Bajo y el Barrio de la Alhambra, que hacen confluencia en la Plaza. En ella se asoman edificios tan señeros como el Ayuntamiento, la Iglesia y el Palacio del Cuzco.

El Barrio Bajo es ancho y proporcionado, repleto de antiguos y notables edificios, de casas solariegas, generalmente costeadas en materiales nobles, con el blancor propio de la cal y lo esclarecido de sus fachadas. Gran parte de ellas son de dos o tres plantas, siendo la última de ellas un amplio corredor.

Hoy se rotula como Avenida del Poeta Federico García Lorca, sustituyendo al nombre del General Franco desde 1986. Mas a pesar de ello, cuando las denominaciones oficiales y las populares son diferentes, aquellas llevan las de perder, porque los apelativos rancios tienen el derecho de permanecer a causa de que suelen originarse por características consustanciales a los lugares que designan.


Casas  notables


Sus moradores fueron siempre familias acomodadas: privilegiadas,no por mayor nivel económico, sino por disfrutar de unas moradas espaciosas, con un amplio huerto a sus espaldas y agraciadas con el estimado derecho del agua en la casa y en el riego. En efecto, hay en este barrio varias viviendas dotadas de la singuaridad histórica del disfrute del agua. Lo fueron desde antaño La casa morisca de los Gómez Mir, La Casa del Escribano, La Casa de Agapito, y El Molino de Aceite de Rafalico así como su contigua  Casa de Leopoldo. Todas ellas, por privilegio de Primos Reales, derivan “una raja” de la Acequia de Aynadamar que conducen hasta su propiedad por medio de un cauchil y una línea de atanores.

Poseer agua en la vivienda, siglos atrás, fue signo inequívoco de jerarquía social. Quizá fue por eso que entre los vecinos, el Barrio Bajo. es llamado “el barrio de los ricos”.También les alaben así por su trazado señorial, sus casas notables, cuna de viejos labradores fuertes, despacho de panaderos y morada de otras profesiones liberales.

Hablando de agua y riego, también las casas humildes del lado derecho del barrio poseen un acomodación de huerto (quizá hoy día transformado en patio o bien incorporado a la vivienda) que es consecuentemente irrigado con  porciones de alguna de las suertes de “El Cuarto”.

Los Pilares

Y todo no queda ahí. Cuando no había agua corriente en las viviendas, todas las labores domesticas que requerían de ella, giraban en torno al pilar; lugar de encuentro y centro de influencia de la vida cotidiana de la vecindad. El sistema general y estratégico del agua como bien público tiene su exponente máximo en sus dos pilares. El primero de ellos  en el tramo inmediato a la Iglesia presenta un trazado señorial con arcada y reja en abanico. Derrama sus aguas en un pilón que a su vez las distribuye en dos pilas laterales. A él se acercan los vecinos a retirar el agua para sus viviendas, llenando botijas y calderos.


A sus frescas aguas recurren las bestias que llegan sedientas del campo y de las Eras Bajas. Hoy son los ciclistas y los senderistas quienes elogian la excelencia y frescura de su agua.

En la parte baja, en “la recachilla” fluyen rumorosas las aguas de un humilde pilarillo con unas estructura peculiar. Se repite el esquema de pilas laterales, si bien a la derecha tenemos un lavadero


Y es cierto que se hace necesaria esta provisión pues  el lavadero público está distante y las vecinas del Barrio Bajo, tienen en esta pila el alivio para tal labor. También era corriente ver en las aguas cristalinas del pilar un melón o una sandía refrescando su jugosa pulpa. Y cada noche los “Chatillos” enfriaban con las varillas de caña india la leche de sus cabras que sería distribuida en la vecina Granada.

Casas Moriscas

            La Casa de los Gómez Mir, la Casa de Cándido, en su origen fue una casa morisca. Así lo atestiguaba su estructura y disposición similares a un carmen. A través del amplio zaguán nos adentrabamos en el patio central en el el que borbotonea  una fuentecilla. Perfúmenes de mirtos y jazmín y el frescor que propicia un doble corredor al que se asomaban las estancias principales de esta mansión. Mirando al este una amplia huerta, paseos ajardinados y las cuadradas particiones  en las que se alternan árboles frutales, laureles, cipreses, arrayán, flores y hortalizas.

La Casa de las Jordanas debe su nombre a D. Antonio Jordán y Peralta, párroco de Víznar y propietario de la misma junto con sus hermanas Concha y Aurora.
Utilizan su primera y segunda planta como vivienda familiar. Con una resuelta escalera se accede a la segunda planta propia de una mansión acomodada. Un portón lateral daba paso a la almazara y a las dependencias dispuestas de una casa de labor, de inmensos corrales, holgadas cuadras y zonas de atalaje.

Los correores



La Casa de las Jordanas, al igual que muchas viviendas de Víznar dejan cubrir su ultimo piso con “el correor”. En este ultimo tramo, la pared que se abre a la calle presenta un lienzo corrido a modo de balconada, mientras se subdivide en varios arcos sucesivos. Para las gentes de Víznar “el corredor” supone una zona de desahogo para tender la ropa, para guardar aperos, colgar los pimientos, los melones, las cebollas, los ajos o el maíz. Pero también y sobre todo para tomar el sol, subir a coser, o echar en las tirantas un improvisado mecedor.

          Son varias las viviendas que reúnen estas características, fácilmente reconocibles y de notable similitud en este y otros barrios. Los hay más humildes y más suntuosos. Otros son simples esbozos de una rustica pero airosa balconada.

La Era Baja




Al final de la calle se abre  La Era Baja, mirador a la Vega de Granada. Espacio secular dedicado a la trilla y al aventado. Hoy rotula como Plaza del Párroco D.José Crovetto Bustamante. Hay en esta plazuela una ermita dedicada a la Virgen de Fátima. Lugar del antiguo cementerio y desde el año 1925 proyecto para albergar la imagen  de esta advocación mariana.

Al otro lado está La Casa del Escribano Via Crucis Viznar 21 (Casa de Dª Rita) en la que volvemos a ver traza y tipología de aquellas casas solariegas de porte señorial a las que ya anteriormente nos hemos referido. Se asoman a sus tapiales las flores de pitiminí, el olor transparente del jazmín, el rosal y la yedra. Goza de nutrida huerta, de un bien dispuesto jardín y como es natural de agua en caño de Primos Reales, favoreciendo sobradamente un sistema de riego autosuficiente. Mejoras que la convierten en una casa de recreación de las más afamadas del municipio.

Olores a pan tierno




    Víznar se despierta cada mañana con olor de tahona. Olores a pan fresco cocido con leña invaden al barrio y a sus aledaños.. Y es que Víznar es panadero desde sus orígenes. Ya en el siglo XVII, Enríquez de Jorquera en sus ANALES DE GRANADA hace cumplida referencia de esta actividad artesana:

Abunda de vino, con buena cría de seda; no le falta lo demás para su sustento. Trátase en él del amasijo del pan, que lo lleva a Granada de buena cochura y limpieza....

Sus afamadas tahonas, algunas ubicadas en este Barrio, ya son referidas en el Apeo de 1572 por su estructura moruna y por su vinculacion a los ancestros de Víznar. Efectivamente, abastecieron desde antaño hasta nuestros días a la vecina Ciudad de Granada, cargando sus capachos de panes de a libra, medias, bollos, roscas, salaíllas y jayuyos, tortas de la carda, de chocolate, de manteca y chicharrones, de cabello de ángel, de sabrosos hornazos el día de la Cruz y de alguna que otra especialidad de la rica y variada repostería moruna.

Hoy por hoy, esta estampa del pasado aparece indeleble, superada por los considerables avances que el transporte y la industria panadera aportan acordes con los tiempos. Nuevas y modernas instalaciones de la  Panadería Charo y el colindante Horno de Los Escolásticos, hoy transformado en Restaurante Asadero Horno de Víznar. En él se aprovecha el primitivo horno moruno para ofrecer al estilo tradicional las especialidades propias de un asador.

Estampas del ayer





Hemos recorrido de principio a fin este Barrio señorial. Desde el nº 1, en la Casa de las Secretarias, donde las hermanas  Rosa y Amelia atendían la centralita telefónica al Bar Mirador de Víznar, con sus raciones de morcilla, choto y calamares. Siempre con una puesta de sol y una caricia de brisa húmeda. Pero hay otro recorrido lleno de evocaciones y vivencias: Agapito con su espuerta de goma repleta de herramientas, codos y manguitos y su mono azul, afanado  en  resolver solícito una avería fontanera. Y Antonio, con su lápiz en la oreja, el carpintero.

Las cabras de Blasico el Chatillo, la burra de Antonio el Teo camino de la Hilá. ¿Quién no se topó con Salvorico”El Pozuelo” barcinando  el trigo hasta las Eras Altas? El Sr. Cura pasea recitando el breviario.  Pepica da las doce en la campana gorda mientras Aurora y Joaquina puntada tras puntada bordan diligentes en un delicado mantón. También le dan a la aguja y al dedal las hermanas María y Encarna, en su Callejilla de Las Mariicas.Suena en esta callejilla el rasgueo de la guitarra de David, con acordes del Dúo Dinámico. El peine y las tijeras “El Pollo” con primor manejaba, pelando y afeitando en la casa que es hoy de María y Miguel de Praonegro. 

En este barrio los niños no roban nidos, pero Pedro el de Guillermina les trae uno de chamariza en el bolsillo de la chaqueta. Tampoco estaba para correr pollos de perdíz Adela, por sus pesadas piernas. La Era Baja se llena de cantos infantiles jugando a la comba. Todas son primas: Elena, Angelines, Alicia. Trini, Cristina…  Mientras que  Jorge salta a caballico con el callado que le deja prestado Encarnación. Mariquita enjuaga unos trapillos en la Recachilla . Su marido Blas “el de Mariquita” repasa con la lezna una alpargata de cáñamo.


Dolores, Florentina y Virtudes, del brazo de la chacha Frasquita encaminan sus pasos hasta la Ermita para regar y rezar el rosario. Con su bastón en la mano, pausadamente, sale Dª Rita desde su casa. En el corredor, Manolo Garrido  a golpe de pic-up, con  la cara A de un disco de La Gelu, sueña y proyecta sus programas de radio. A las ocho en punto pita el coche de Julián. También desde aquí se oye a la una el pito de la Fabrica de Pólvoras.

Se adormece la tarde con el toque de ánimas. Noche cerrada. Nueva amanecida. Panaderos …Inocencia y Pilarica salen del horno tras una madrugada en la trabajadera del artesón y el hintero. Manolo, maeso, sale con el barreor. Blas el Chiquitico apareja la mula.

           Eugenio Pelele descarga los burros junto  a los hornos. Blas de Mariquita ya reparte en un coche, antes, en sus comienzos, con una caballeria y dos capachos. Los hermanos Manolo y Blasico corren medio Albayzín y Sacromonte con un repartido agotador. Antoñico el de Perea lo mismo, panadero. Hace medio siglo Pepica  la de Julianico tenía despacho de pan en el mismo domicilio donde hoy lo dispensan Paquita y Jaime. Frasquito reparte el correo y Florián la leche. Antonio El Lechero arranca su Citroën 2CVGR 9930-A y trasiega desde el inmediato Pilar las cántaras.Una carga de estiércol para abajo. Un serón de melones cuesta arriba, desde la Piedra Gorda. En las tardes dorada de septiembre, toca farfollar el maíz.Pepe Solano le pide fuego a Ventura, en un descanso merecido tras un día de trilla. Las doce estan dando, el Niño Jesús está llorando. Pepe Terremoto y Rafalico el Preciso se dirigen a la taberna de Celestino a echarse un vasico.

Autor: Salvador Ruiz 

Próximo: La Plaza y su entorno


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